Soldados heridos por minas acuden al yoga como terapia alternativa

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Los militares que asisten, una vez por semana, pertenecen a las Fuerzas Armadas de Colombia. Dicho país es el segundo con mayor número de minas antipersona, desde 1990 han provocado siete mil 616 heridos y amputados.

Bogotá • Darwin Pérez respira profundamente con los ojos cerrados al ritmo que va dictando la instructora. A un lado ha dejado la prótesis y por un momento olvida que le falta una pierna. Hace un año y medio pisó una mina antipersona y acude al yoga como una terapia alternativa que las Fuerzas Armadas de Colombia prueban con sus militares heridos en guerra.

“Al principio tuve mucho dolor. Con el yoga uno aprende a relajarse, a no pensar en lo que le pasó”, explica este militar de 27 años de edad que junto a sus compañeros, la mayoría amputados de las piernas, algunos ciegos y otros sin manos, acuden una vez por semana a una terapia de yoga en Bogotá.

De ese grupo, Darwin es uno de los que lleva más tiempo. Se nota en su soltura para hablar y en la forma en que rápida y espontáneamente ofrece masajes a sus compañeros, muchos de ellos con la mirada ausente.

Algunos familiares les acompañan en la sesión. Un soldado y su esposa permanecen sentados presionando una espalda con la otra por más de 15 minutos. Otro ha venido con su mujer embarazada y su hijo de cuatro años que corretea entre ambos. Todos escuchan al maestro que les repite: “Tenemos que hacer un gran esfuerzo para que la discapacidad del cuerpo no discapacite el alma”.

Colombia es, después de Afganistán, el país con mayor cantidad de minas antipersona, armamento que desde 1990 ha causado dos mil 30 muertes y siete mil 616 heridos y amputados, entre militares y civiles, según cifras del gobierno.

El Estado colombiano también presta asistencia médica y económica a las víctimas civiles de las minas, que suelen encontrarse en zonas rurales.

El próximo 4 se abril, en la conmemoración del Día Mundial Antiminas, se han convocado varias manifestaciones para llamar la atención sobre el tema.

En 2000, Colombia ratificó la Convención de Ottawa de prohibición de las minas antipersona. Sin embargo, las autoridades sostienen que la guerrilla izquierdista FARC sigue usando esos artefactos, incluso de fabricación artesanal.

Nancy Bello es la psicóloga que acompaña a los soldados a las sesiones de yoga en Bogotá. Desde hace siete años trabaja para el batallón de sanidad, que atiende a los militares heridos en el marco del conflicto armado que desde hace casi medio siglo sufre Colombia.

“Lo que se aprende en la academia queda corto frente a tanto dolor”, manifiesta esta joven profesional que ayuda a los soldados a quitarse su único zapato antes de empezar la sesión de yoga, disciplina incorporada desde hace dos años como parte del programa de terapias alternativas.

“La elaboración del duelo, la aceptación de su pérdida, eso es lo más difícil de superar para ellos. No sólo sufren la pérdida de sus miembros, sino también la de su carrera, a la que no podrán volver”, explica.

“Tienen que modificar el proyecto de vida que se habían trazado y aprender nuevos roles de esposos y padres. Cuando eran militares activos, en realidad actuaban como novios, que veían a su pareja cada cuatro meses cuando venían a casa de permiso. Ahora están con su familia todos los días”, refiere Bello.

Para Darwin, después de la explosión el mayor apoyo y motivo de esperanza fue su esposa, quien era su novia cuando a fines de 2010 perdió la pierna.

“Cuando pisé la mina, ya llevábamos ocho meses de novios y teníamos planes para casarnos. Ella me acompañó en el hospital por quince días, y efectivamente en enero de 2011 nos casamos. Ahora tenemos una hija de 10 meses. Cuando me den la pensión quiero comprar dos casas, una para nosotros y otra para mis padres. Además, vamos a montar un negocio”, cuenta.

Adriana Silva, la instructora que les recibe, confía en los beneficios del yoga para el futuro de estos militares y desearía poder traer a más de ellos a su salón.

“Hay que tocar a cada soldado, acompañarlo, saber qué le pasó. Les damos un masaje profundo en los puntos que liberan el estrés. Se les enseña meditación, relajación y técnicas de respiración para superar el dolor. Los ejercicios físicos, claro, son limitados, los movimientos del cuerpo, que son los giros de la columna, se los hacemos nosotros”, dice.

“Lo que nos ha aportado la experiencia con ellos ha sido tocar la realidad del sufrimiento y compartir con unos muchachos que ponen sus cuerpos en la guerra. Aprendemos que si hoy tenemos manos, quizás mañana no, pero tenemos amor”, asegura.

TOMADO DE: http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/5964d1e41672f13ce660e052b0840961

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