Cita

Les comparto esta carta que escribi hace poco más de un año siguiendo las enseñanzas del maestro Thích Nhat Hanh, quien recomienda que en tiempo de crisis escribas una carta a ti o alguien más (aún cuando no la reveles o no la envíes). Espero que este ejercicio les pueda ser útil como lo fue para mí.

” Mi dulce Dios:

Hasta hoy nuestro viaje juntos ha sido una intensa aventura, donde duda, obscuridad, alegría y paz aún danzan revueltas a nuestro alrededor, o mejor dicho a mi alrededor,
ya que a veces por propia elección o por falta de fe me separo de tu luz.

Una y otra vez me has dado prestados tus ojos para ver mi camino, y cuando alcanzo finalmente la claridad, por alguna razón que aún desconozco, abandono esa gracia.
Es como si me sintiera indigno de ver como Tú ves y amar como Tú amas. Y mientras mi inteligencia me dice que es un absurdo, en mi interior existen heridas desatendidas que al no sanarlas me llevan a obrar de formas que no comprendo y que generan sufrimiento en los demás y en mí.

Soy un viajero que no domina su brújula espiritual y cuyo perdón a sí mismo es una tarea inconclusa, ya que como Tú y yo sabemos esto me ha sido revelado  por Ti en estos días. Al conocer la verdad, la cual te pedí conocer, sentí que mi alma fue partida en dos por un fuego violento. No me lo esperaba aún cuando Tú tiernamente lo susurraste a mi mente. Mi ego tomó control y por eso la conciencia pura irrumpió con sufrimiento y no con suavidad como Tú lo prefieres.  Te lo agradezco. Es lo que necesitaba para volver a estar alerta.

Tu mejor que nadie sabes de las terribles negruras por las que he atravesado y he ayudado a otros a cruzar, y cómo débilmente he sostenido la lámpara que pusiste en mis manos para guiar y guiarme. He hecho lo mejor que he podido. Te agradezco los dones que me has dado pero he de confesarte que ellos mismos me permiten ver y sentir cosas  que llenan mi mente de un gran temor. Ni siquiera me atrevo pensar lo que Tú ves y sientes. Sin tu dulce espíritu fluyendo en mi alma creo que sería posible enloquecer.

Pero a pesar de esto, hoy en particular puedo decir con verdad que me he portado como un hombre congruente. Errático y vacilante a ratos, pero determinado y firme al final de
tu misión. Estas últimas pruebas han sido por mucho las más agotadoras y dolorosas de mi vida pero te entrego cuentas claras hasta donde humanamente las he podido concluir.
Creo que es un buen trabajo y se que Tú estás de acuerdo. He de reconocer que el velo de la ilusión casi me ciega. Debo ser más vigilante según esta nueva y emocionante
lección de vida.

Sin embargo quiero pedirte algo a cambio: finalmente soy solo un hombre y por eso pido perdón a aquellos a quien voy a abandonar sin explicación. Logramos cruzar a la otra orilla juntos pero aquí yo me separo. Por defenderme del dolor interior, hay cosas que van a quedar inconclusas porque ya no tengo fuerzas para terminarlas de acuerdo a tu visión amorosa. Se que quizá estén esperando un poco más de mí, pero no puedo ni quiero darlo. Necesito atenderme para poder continuar tus obras. Por eso te suplico llenes con tu paz aquellos agujeros que mis cansados brazos ya no pudieron rellenar en las almas de los que quise proteger y amar. Deseo que ellos sientan en sus corazones compasión por mi alejamiento cuyo significado es regresar a mi interior y fortalecerme en la contemplación de tu infinita energía.

A algunos de ellos ya no voy a regresar más. Con algunos de ellos siento una agonía al decir adiós. Tú sabes porqué. Con unos será repentino y con otros paulatinamente.
Mi vórtice de amor en el río de sus vidas ha completado su ciclo. Ilumina su entendimiento para que sientan que mi presencia es impermanente como la de un cometa
y que es la manera como Tú me proteges del agotamiento espiritual y de mí mismo. Ayúdalos a que me dejen ir…

De los nuevos y los aún débiles no te preocupes. Ya me estoy preparando para ellos, eso sí, mirando sobre mi hombro para verte cerca de mí Señor.

En tu paz, tu amigo:

Manuel Herrera


Carta a mi dulce Dios

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